PR terreno fértil. Colegas: A trabajar!…
En el tercer estudio sobre la imagen y los valores empresariales en la sociedad argentina, realizado por la consultora Carlos Fara & Asociados para la revista IMAGEN con el auspicio de la Fundación Honrad Adenauer, de Alemania, y de Nobleza Piccardo, la imagen de los empresarios no solo no mejora, sino que siguen empeorando algunos valores clave que hacen a la aprobación de la economía de mercado en la sociedad argentina más allá de la imagen de su empresariado o a la aprobación de una filosofía económica favorable al desarrollo empresario: no aparecen referentes empresarios por recordación espontánea. Ni qué hablar de los nombres que dispara la opinión pública de este estudio a nivel nacional cuando se pregunta por personalidades modelo para el país: la gente incorporó al Che Guevara y lo llevó a pelear la punta y mantiene a Maradona en los primeros puestos. Los empresarios, ausentes sin aviso. Cuando antes aparecían algunos nombres vinculados al empresariado por recordación espontánea, ahora, excepto el apellido “Macri”, al que la gente confunde entre el actual alcalde de Buenos Aires y su padre, Franco Macri, no hay sobrevivientes empresarios en la memoria colectiva argentina.
La gente no está en condiciones de nombrar empresarios: ni los antiguos y tradicionales, como Pérez Companc o Fortabat, ni los de la ya olvidada década del 90, como Juan Navarro, ni los nuevos integrantes de la incipiente “burguesía nacional” que aparecieron con el gobierno de los Kirchner. Ni siquiera aquellos que ya venían de antes, progresaron en los 90 y siguen prosperando en la era Kirchner. Los empresarios no tienen ni cara ni nombre para la opinión pública. Por el contrario, siguió avanzando un fenómeno que empezaba a esbozarse desde la primera medición que hizo Fara para IMAGEN en 2001 y se acentuó en la segunda edición de 2005 para afianzarse aun más en esta toma, de diciembre de 2007: la opinión pública cada vez más favorable a la intervención y actuación del Estado en la economía. En esta tercera edición del estudio sobre la imagen de los empresarios y los valores que hacen a la economía de mercado se notó más claro que nunca que tantos años de discursos “anti-actividad privada” finalmente hicieron mella en la opinión pública. Carlos Fara, autor del estudio, explica: “Los empresarios tuvieron en la década del 90 un perfil más alto, por eso eran reconocidos. Si tuvieran hoy un par de nombres mostrables por su éxito y sus actividades de responsabilidad social, a lo Bill Gates, se podría mejorar sustancialmente la imagen general de la categoría empresariado”. Fara cree que el perfil bajo en el que se sumieron los empresarios desde que asumió el gobierno Néstor Kirchner y en el que se mantienen en el período de su esposa, dejó huellas en la opinión pública. De alguna manera esta conclusión avala la advertencia de la teoría de la Espiral del Silencio, elaborada en los 70 por la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann: cuando una opinión se silencia, por no ser la representada en los medios y el discurso oficial, por más mayoritaria que sea, corre el riesgo de ir desapareciendo de la sociedad. La revista
IMAGEN advirtió sobre este peligroso fenómeno en 2005, y ahora se ven claramente los efectos de haber sumido a la sociedad a esa viciosa espiral de silencio.
El perfil bajo en el que los empresarios se sumieron en la etapa Kirchner, más el hecho de que muchos nombres empresariales tradicionales, como Pérez Companc, o Fortabat, están en franca retirada, se da una combinación de que desaparece la identificación y eso contribuye a que el empresariado se desdibuje en la opinión pública. También el auge de los fondos de inversión, anónimos, contribuye a oscurecer y a vincular empresariado con imágenes de especulación. Gustavo Grobocopatel, el llamado “rey de la Soja”, es uno de los pocos nombres empresariales que se escuchan. Dijo en una entrevista, “necesitamos caras”. Pero lo mismo sucede cuando se le pregunta a la gente por nombres de empresarios que sean positivos o negativos para el país. Nuevamente el único nombre que la gente asocia con empresario es Macri (en sus diversas versiones, Franco, Mauricio, o Macri a secas), para bien o para mal: el 7% lo ve positivo, el 12, negativo. “Pero el 82% no está en condiciones de mencionar ningún nombre de ningún empresario, ni positivo ni negativo”, explica Fara. “Me parece que el tema empresario está asociado solamente a ganar dinero y no hay modelos, por el contrario, empresario hoy está más asociado a polémicas”, dice el politólogo. Fara sostiene que “sería una buena estrategia que aparecieran algunos nombres de empresarios exitosos y socialmente admirados para que obtuviesen alta visibilidad en los medios”.
La ausencia de rostros, nombres y opiniones proempresarias en la sociedad se sintió en otra pregunta clave: bajó de 81 a 64% la opinión de que los empresarios son imprescindibles para generar riqueza en la sociedad, en comparación con el estudio realizado en 2005. El tercio restante incluso no estaría en contra de una estatización completa de la economía, si sostiene que no son imprescindibles los empresarios para generar riqueza. Como si el Muro de Berlín no hubiese caído nunca para más de un tercio de los votantes argentinos. Alguien que vivió muy de cerca aquel proceso de derrumbe del comunismo en Europa, justamente, es el alemán Christoph Korneli, representante en la Argentina de la Fundación Konrad Adenauer, que auspició este proyecto conjunto por tercera vez. Korneli, nacido en Alemania oriental bajo el comunismo y escapado a Occidente, se sorprendió con los resultados de la tercera medición: “Me parece preocupante que no aparezca ningún empresario entre los referentes y modelos de los argentinos”, comentó el jefe local de la fundación vinculada al Partido Demócrata Cristiano de la primera ministra alemana Angela Merkel. Korneli está convencido de que, al igual que en la exitosa Alemania, “los empresarios deben jugar un rol importante en el Estado” y de que eso no solo es bueno para los empresarios, sino para el desarrollo del país.
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